Es
posible cocer perfectamente una pasta y acabar por arruinarla en el último paso
por no saberla escurrir bien.
Y es que tan importante es lo primero como lo
segundo.
Para empezar, la pasta se debe escurrir inmediatamente una vez
alcanzado el punto de cocción deseado. Por mucho que se haya retirado del
fuego, esto evitará que siga ablandándose en el agua caliente.
En
el caso de pastas largas es recomendable dejar de lado el escurridor y servirse
de ese cucharón dentado con agujeros que todos tenemos en la cocina, con el que
iremos sacando la pasta poco a poco. Para pastas cortas sí usaremos el
escurridor, pero sin dejar que repose demasiado tiempo porque podemos correr el
riesgo de que se apelmace y seque demasiado. Con unos golpes enérgicos y un par
de minutos será suficiente.
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